sábado, 30 de abril de 2011

Una historia llena de buenos recuerdos


De los libros tras vitrinas a la apertura. Ana Dobra revive su paso por la institución.




Ahora, Ana Dobra vive en Buenos Aires, y trabaja en la Dirección Técnica Bibliotecológica de la Biblioteca Nacional. Pero estuvo desde 1968 a 1993 al frente de la Biblioteca de Roca. Y desde Buenos Aires recuerda aquellos años que marcaron la forma de la institución.

–¿Cómo era la biblioteca cuando ingresaste?

–Cuando en 1968 ingresé, supe que estaba trabajando en una institución educativo-cultural, señera e importante para la sociedad roquense, que llevaba más de tres décadas de vida siendo, además, gestora de otras instituciones relevantes de la ciudad. En esa época su perfil bibliográfico-cultural coincidía con el tradicional y conservador de este tipo de instituciones en el país y en el mundo. Era enciclopedista, con la mayor parte de los libros forrados (unos tres mil volúmenes) ubicados en muebles con puertas vidriadas y en ambientes opacos. Había mucho silencio, demasiado rigor y pocos lectores. Fundada por vecinos, verdaderos pioneros, era sostenida con el esfuerzo y la mística del voluntariado de sus comisiones directivas, contando con el respeto y el prestigio de un genuino "lugar del saber". Un grupo de jóvenes dirigentes de distintas profesiones que por esos años se incorporaron a la comisión directiva trajeron "aires nuevos". Eran movilizantes, traían nuevas propuestas de mayor apertura, dinamización, desestructuración e interacción con otras bibliotecas de localidades del Alto Valle y de la provincia y en la conformación de la Federación de Bibliotecas Populares de Río Negro. Yo coincidía con ellos en la necesidad de cambios, especialmente para lograr la desmitificación de la biblioteca y la socialización del libro, la lectura, las actividades, etc. y para brindarles libertad de elección, de opinión y de participación a los usuarios.

–¿Qué cambios puntuales hubo que hacer? ¿Cómo se convirtió en un modelo de biblioteca?

–Se sacaron las puertas de las vitrinas y los forros a los libros para que se vean bien y para que la gente pudiera mirarlos, tocarlos, tomarlos y ejercer su derecho a la libre elección. Se hicieron distintas acciones de difusión, campañas de socios y múltiples actividades para reunir fondos, algunas infructuosas pero otras con éxito. Se adecuaron y remozaron sus viejas instalaciones. Se comenzó a pedir donaciones y a comprar material atractivo e interesante. Se decoró y cambió la disposición de su mobiliario y elementos. Se habilitó especialmente el "rincón infantil" con materiales atractivos y mobiliario adaptado a los más pequeños, todo muy colorido, teniendo bien en cuenta que en el niño está la clave de la formación del lector y que nunca es demasiado temprano para ponerlo en contacto con el mundo fascinante de los libros y de la biblioteca.

En 1982 se remodelaron y ampliaron las instalaciones (prestadas por la Municipalidad) en las que funcionaba la biblioteca. Se tiraron paredes internas para darle mayor amplitud y visibilidad. Las nuevas vidrieras permitían exhibir los materiales imitando las librerías para que las personas pudieran ver desde la vereda o la calle todo lo que allí adentro se hacía y ofrecía, de modo que se sintieran tentadas a entrar, curiosear, preguntar, estudiar …

Con la aparición de las nuevas tecnologías la biblioteca, ya en 1988, incorporó varias computadoras e impresoras, equipos de audio y de video y el sistema de seguridad magnético "antirrobo de libros", todo con el apoyo económico de la Fundación Antorchas que la seleccionó por considerarla modelo en el funcionamiento institucional.

Las comisiones directivas fueron renovándose parcialmente, rotando cargos y cambiando sus presidencias a través de los años, pero siempre se mantuvo un mismo horizonte: el de más y mejores servicios.

En 1992 se produjo un hecho de gran trascendencia y envergadura en la evolución que venía teniendo la biblioteca, al trasladarse al edificio en el que funciona actualmente, con dimensiones y comodidades impensadas en esos momentos para nosotros, con más de 900 m2, y que le fue otorgado en extenso "comodato" por el entonces Intendente de Roca, Miguel Saiz.

–¿Cómo se dio tu alejamiento de Roca y de la Biblioteca?

–Creo que la misma evolución profesional y en la docencia bibliotecaria en la provincia y en otros puntos del país, más la edición del libro de bibliotecología, fueron algunas de las razones que motivaron mi designación, en 1993, como Secretaria de la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares y ocho años más tarde, ya no estando en ese cargo, fui convocada por la Biblioteca Nacional, en la que ahora me desempeño. Pero mantengo un asiduo contacto con la gente de las bibliotecas populares, dando cursos, charlas, asistencias técnicas, como consultora en la temática, etc., multiplicando y retribuyendo en base a la invalorable experiencia y apoyo que, en mi construcción personal y profesional, tuve de "mi querida biblioteca de Roca", de la que tengo los mejores recuerdos. La gente que actualmente la conduce y que trabaja en ella, con mucho empeño y entusiasmo, sabe de mi enorme cariño y que estoy y estaré siempre para ayudar o apoyar en lo que la biblioteca necesite, lo que es, además, extensivo a las demás bibliotecas populares.

–¿Cuáles son tus mejores recuerdos de la Biblioteca de Roca?

Son muchos, muchísimos los recuerdos... y una lista interminable de dirigentes, compañeros de trabajo, colaboradores y lectores que hicieron posible el trabajo tan grato en la biblioteca. Pero algo especial que se me ocurre mencionar es, por ejemplo, el placer de ir a comprar libros a Quimhué, prorrateando los siempre magros pesos, para poder así elegir "un poco de todo": los libros más atractivos, más variados para distintos gustos, las ediciones más actualizadas de textos, las maravillas que iban saliendo para niños, los nuevos temas, los de ficción y los best sellers que la gente nos pedía tanto, que llevábamos bien anotados, y que los esperaban con mucha ansiedad, por orden en las listas de reservas.

Otra sensación inolvidable era la que sentía cada día, cuando se abrían las puertas de la biblioteca y entraba una especie de avalancha de gente ávida de consultar textos, leer un diario, hojear un libro, ver un video, llevarse prestados varios libros al límite del cupo, devolver o reservar otros o simplemente encontrarse con otra persona, con amigos, compañeros, vecinos… para conversar, estudiar o trabajar en grupo o bien descubrir algo interesante, una palabra, una solución o leer cualquier cosa por el placer de leer o por el simple hecho de "estar en la biblioteca".

Tengo muy presente ese "zumbido" como de un panal de abejas, un ir y venir alegre e incesante de niños, adolescentes y adultos… que nos llenaba de adrenalina y nos estimulaba para brindarle lo mejor a la gente, para adelantarnos a sus inquietudes y a sus necesidades, para ir cada día por más, más innovación, más satisfacción, más seducción, más calidad bibliotecaria y humana… Recuerdo que nada me hacía más feliz frente al pedido de un lector que "encontrar lo inencontrable."


http://www.rionegro.com.ar/diario/rn/nota.aspx?idart=612851&idcat=9546&tipo=2




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